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Agujeros Negros

El devorador de estrellas

Un agujero negro nace cuando una estrella muy masiva agota todo su combustible nuclear y explota como supernova expulsando la mayor parte de su masa al espacio interestelar.

El objeto remanente que queda tras la explosión colapsa gravitatoriamente bajo su propio peso al no quedar ya material de fusión que contrarreste la gravedad.

Sagitario A, el agujero negro de la Vía Lactea
Sagitario A*, agujero negro en el centro de la Vía Láctea

Este colapso no se detiene en ningún momento, de manera que, al final, toda la masa queda confinada en un punto singular del espacio.

A su alrededor existe una región del espacio delimitada por el llamado horizonte de sucesos dentro de la cual, cualquier objeto que lo sobrepase, ya no puede volver a escapar. Ni tan siquiera la luz puede escapar a la inmensa atracción gravitatoria del agujero negro.

Efectos del agujero negro en la Galaxia M87
Efectos sobre sus alrededores del agujero negro existente en el centro de la galaxia M87
imagen: NASA and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)

Al no emitir nada, la detección de un agujero negro solo puede hacerse de forma indirecta a partir de su fuerte influencia gravitacional sobre su entorno.

Uno de los aspectos más intrigantes de los agujeros negros es su capacidad para deformar el espacio-tiempo. Estos objetos masivos curvan el tejido del universo de manera tan intensa que crean una especie de «pozo» gravitacional. Cuanto más cerca esté un objeto del agujero negro, mayor será la curvatura y más difícil le resultará escapar de su influencia gravitatoria.

Radiación de Hawking

Además de su influencia gravitacional, los agujeros negros también pueden emitir radiación. La radiación de Hawking, propuesta por el físico Stephen Hawking en 1974, sugiere que los agujeros negros no son completamente «negros». Según esta teoría, debido a los efectos cuánticos cerca del horizonte de sucesos, los agujeros negros emiten partículas y energía, lo que eventualmente puede llevar a su evaporación completa.

Los agujeros negros se clasifican en función de su masa. Los agujeros negros estelares se forman a partir del colapso de estrellas masivas y tienen una masa entre unas pocas veces la del Sol y varias decenas de veces la masa solar.Por otro lado, los agujeros negros supermasivos se encuentran en el centro de las galaxias y tienen una masa equivalente a millones o incluso miles de millones de veces la masa solar.

Los avances en la tecnología y la observación astronómica han permitido a los científicos obtener evidencia indirecta de su existencia y estudiar su impacto en el cosmos. Las observaciones de ondas gravitacionales, por ejemplo, han proporcionado pruebas sólidas de la fusión de agujeros negros binarios.

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